diciembre 07, 2015

BERNASCONI PABLO...Imperdible

MUCHONETA
Un señor muy monono se compró una motoneta celeste. –Voy hasta la esquina –le dijo a la esposa, pero cuando llegó a la esquina aprovechó que le quedaba nafta en el tanque y siguió un poco más, hasta el borde de la ciudad, y como era en bajada siguió otro poco, por el campo, entre las vacas y los pastos. Como tenía viento de cola siguió un poco más, hasta la frontera con el país vecino, y como lo dejaron pasar previa presentación de documentos, siguió un rato más, hasta la cordillera nevada. Como venía con buen envión, subió la ladera de la montaña hasta la punta, y ya que el resto era cuesta abajo, se lanzó sin miedo, tan rápido que le sobró velocidad para llegar hasta la costa. Como justo estaba por partir un barco enorme, se subió y anduvo dando vueltas y vueltas por la cubierta, hasta que el barco llegó a un país del otro lado del mar, con gente de otro color que hablaba raro. Pidió indicaciones para volver a su casa y, como no entendía el idioma, salió para cualquier lado. En cualquier lado pasaba un tren que casi lo pisa, y por esquivarlo el señor se metió de cabeza en un avión y anduvo con la motoneta por el pasillo, entre los asientos; los pasajeros lo insultaban porque les tiraba el café encima y los llenaba de humo. En cuanto el avión aterrizó lo sacaron a patadas, con tanta fuerza que fue a parar derecho a la puerta de su casa, donde se quedó sin nafta. Apenas entró, su mujer le dijo que se lavara las manos, que estaban por comer. Pero que antes fuera hasta la panadería de la esquina, porque se había quedado sin pan.

MAGIA DE REGALO

Buscando galeras en el altillo de su abuela, el famoso mago Pistortti encontró un corazón de dragón adentro de un cofre plateado. “Este corazón”, decían las instrucciones, “obsequia poderes mágicos reales”. –Yo quiero ser un mago de verdad –dijo Pistortti–. No más palomas ni conejos ni cartas. ¡No más trucos! Esperó hasta las doce de la noche y pronunció las palabras mágicas tal como decía el cartelito: “Sencillo es lo que ansío, badulaque, ¡dame lo mío!”. Por la ventana entró un dragón volando, le arrebató el corazón de las manos y se volvió a hundir en la noche. –¿Cuál es el truco? ¿Cuál es el truco? –preguntó indignado Pistortti mientras veía alejarse su última ilusión.

Cosas que le gustan a Antonette:
los autos descapotables
 las viejas casas de techos altos
los álamos
 los rastrillos
 ir a la playa sin bronceador
 las películas de enredos
los tallarines
 la última fila del cine
darles de comer a las jirafas
 los peluqueros con zancos
 las enredaderas
Cosas que no le gustan a Antonette:
 los ventiladores de techo
 los túneles
 los cascos
 la montaña rusa
 la crema de enjuague en sobrecito
 los pelados
 jugar a las escondidas
los ascensores
las fotos horizontales
 las telas de araña (y las arañas)
los bazares
 los pájaros impertinentes
el otoño

FISICOCULTURISMO
Pongan algo más –dijo confiado Juan Carlos Tonelado. Se había propuesto batir el récord mundial de hombres forzudos, y no iba a detenerse ahora. Empezó con un auto, pero le pareció liviano. –Agreguen algo más. Y se subió al auto una familia entera. –¡Algo más! Y sobre el auto se subió el campeón mundial de comedores de pasteles sentado en un elefante. –Algo más. Y sobre el campeón mundial de comedores de pasteles se subió un colectivo lleno de turistas alemanes. –Algo más. Sobre el colectivo de turistas alemanes pusieron una casita pequeña. –Algo más. Entonces llenaron la casita pequeña de luchadores de sumo. –Algo más. Y arriba de la casa pusieron un piano de cola. –Algo más. Y sobre el piano de cola instalaron una pileta de natación con una colonia de vacaciones adentro. Ahí se detuvieron. Ya era de noche y a Juan Carlos Tonelado le daba miedo la oscuridad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario